Un 26 de febrero de 2012 me dijiste ya No te quiero.
Las lágrimas más amargas se deslizaron por mis mejillas.
Unas palabras que volvieron a poner mis pies en el suelo, pasé de la sonrisa y los colores rosa y azul cielo, a la tristeza de un gris casi negro.
Después de 8 años y medio, de una felicidad que sabemos que existió, que tuvimos, y de un amor que para ti acabó.
Quizás por las malas costumbres y los silencios, quizás por rutina o por una tercera persona, quien sabe.
No hay respuestas para tanta pregunta.
Perder la ilusión por algo o por alguien es de lo peor, y tu mente ha podido con tu corazón. Vamos a ser prácticos y no hacernos más daño.
Esta vez era la segunda vez… y ya no había retorno, se acabó lo que se daba.
Había pasado el tren demasiado deprisa o yo no estaba en la parada…
Unos meses antes en 2011 avisaste, (dicen que el que avisa no es traidor), ya había vivido la crudeza de tus palabras un “02 de Junio”, pero regresaste, aquella mañana de sábado, 2 días después, o eso soñaba, y yo creí tus palabras. Porque nosotros teníamos algo que el agua del mar no podría nunca borrar a su paso.
Volvimos a empezar, aunque me costaba asumir la nueva fecha, la renovación de nuestros votos, creo que no pude abandonar nuestro pasado a su suerte.
Quería creerte, pensaba en el futuro y me esmeré, te lo prometo. Di mi 150 %.
Quizás no lo suficiente para tapar las heridas que sin querer te había provocado con los años, con las palabras, con los actos. Dónde fallé, no me lo dijiste.
Quizás no éramos compatibles ni tan sólo en RH, pero nunca nos hicieron las pruebas.
Esa boda de ensueño en Las Vegas con la que bromeábamos con los amigos y esos hijos no nacidos a los que sin conocerlos ya quería y ponía nombre.
Nunca fué el momento adecuado, quizás no éramos buenos padres juntos.
Ese hogar que no avanzaba, un gran castillo de arena esperando una ola, que llegó por suerte o por los rezos a Fray Leopoldo, de Protección Oficial, sin terraza, alejado de todo y todos, amueblado con el cambio de otros y la dejadez del desacuerdo.
Cargado de grietas e imperfecciones como las nuestras.
Encontramos sin querer la bifurcación de nuestros caminos, tú vuelves a la Capital y yo me quedo en las Afueras.
Volvemos a soñar de nuevo pero esta vez en solitario.
Una historia muy bonita pero sin final feliz por lo menos para nosotros, aunque siempre nos quedará París, unos amigos/as extraordinarios/as en común, y un blog si tu quieres.
Hasta pronto y buena suerte compañero.
Hasta pronto y buena suerte compañero.




